Desmontando nuestra base científica

Primero de todo quiero aclarar por qué en mi teoría sobre cómo cuidar la salud no aparecen referencias sobre estudios.  El motivo es porque todo lo que escribo tiene como objetivo desmontar nuestra base científica y la interpretación errónea que hacemos de muchos de los resultados de investigaciones relacionadas con la salud y, sobre todo, con la pérdida de peso.

Creo que la base científica sobre la que estamos diseñando nuestros programas de prevención y cuidado de la salud no es correcta porque tenemos una idea errónea sobre cómo funciona realmente nuestro cuerpo.  

Voy a exponer tres de los puntos clave de esas interpretaciones erróneas que están provocando que muchas personas que quieren cuidarse no lo consigan. 

  1. Comparar calorías consumidas con calorías quemadas

Muchos de nuestros métodos de adelgazamiento se basan en comparar, de manera directa, las calorías que comemos con las calorías que gastamos, y lo hacemos porque la ciencia nos dice: la energía no se pierde, sino que se transforma.  Y sí, este principio es cierto, la energía no se pierde, pero el problema es que solo contabilizamos 1 de las formas en las que se transforman los alimentos que consumimos y no tenemos en cuenta todas las demás.

A nuestro organismo entran alimentos, los cuales tienen un potencial calórico, es decir, que tienen una cantidad de calorías concretas, pero que no podemos saber cuántas de esas calorías nuestro cuerpo va a utilizar. 

Esos nutrientes que consumimos tienen varias formas de funcionar dentro de nuestro cuerpo:

  • Para obtener energía.  La cual utilizamos para nuestras acciones y que podemos contabilizar en forma de calorías, midiendo el calor que desprende nuestro cuerpo cuando quema esos nutrientes.
  • Reponer reservas energéticas.  Las cuales no sabemos cuándo gastaremos y tampoco sabemos cómo están esos depósitos cuando comemos, si estaban llenos o si llevamos varios días de ayuno y estaban completamente vacíos.  Así que no sabemos qué cantidad de nutrientes destinamos a reponer nuestros depósitos de energía.
  • Para formar tejidos. Utilizamos los nutrientes para regenerar tejidos, como la piel, los músculos, las células, las hormonas, los órganos… y este proceso no tiene por qué generar energía y, por lo tanto, contando las calorías no podemos saber la cantidad de nutrientes que hemos utilizado en esa regeneración. 
  • Se transforma en CO2.  El carbono que contienen tanto los hidratos de carbono como las grasas como las proteínas también se transforma y se elimina en forma de CO2 cuando expiramos, y si no contamos la cantidad de CO2 que eliminamos en un día no sabemos qué cantidad de esos nutrientes se ha convertido en desechos que expulsamos al respirar.
  • Alimentos que no utilizamos.  Y una parte de los alimentos que consumimos se transforma en heces, las cuales contienen calorías y tampoco las contabilizamos.  En función de cada persona, de nuestra dieta y nuestros hábitos de vida podemos eliminar más o menos cantidad de restos de alimentos que no hemos utilizado cuando vamos al baño. 

Por todo esto, la base científica del déficit calórico, ese método de adelgazamiento que nos dice que para adelgazar debemos consumir menos cantidad de calorías de las que quemamos, o de cualquier otro método basado en contar y comparar calorías no tienen ningún sentido si no contabilizamos todas las otras formas que tiene nuestro cuerpo de transformar los alimentos, y este es un error que está provocando muchos problemas de salud porque el diseño de nuestras dietas sólo tiene en cuenta las calorías que quemamos, y no los nutrientes que necesitamos para hacer todas nuestras funciones vitales de manera de correcta.

2. Pensar que podemos quemar la grasa que nos sobra

¿Alguien nos puede asegurar que nuestro cuerpo es capaz de quemar la grasa que acumula por comer en exceso y no moverse cuando hace ejercicio físico y que esa energía que produce nos ayude a tener más fuerza, más velocidad o más resistencia?

Según la teoría del entrenamiento la energía que necesitamos para realizar un ejercicio físico la obtenemos de las reservas energéticas que tenemos bien almacenadas por llevar una buena dieta y una vida físicamente activa.  Esas son las reservas que utilizamos cuando nuestro cuerpo se mueve y sobre todo cuando comienza a estar agotado. 

¡Que mi cuerpo tenga mucha grasa acumulada en la barriga no me va a ayudar a aguantar más tiempo haciendo ejercicio si no he entrenado previamente!

No.  Esas grasas que nos sobran por haber llevado una mala dieta no las podemos quemar porque no son reservas energéticas.  Las reservas energéticas son las que almacenamos en el hígado o en los músculos, preparadas para ser utilizadas, y que nos aportan más vitalidad, pero, en cambio, esas grasas sobrantes no se acumulan para quemarlas, no sirven para aportar energía, y lo que sentimos cuando nuestro cuerpo tiene sobre peso u obesidad es una falta de vitalidad y de energía.    

Que cuando hacemos ejercicio físico se puedan encontrar partículas de grasa circulando por la sangre no quiere decir que las vayamos a quemar, también encontramos hierro, vitaminas, plaquetas y oxígeno en la sangre, pero no se queman.  Una vida físicamente activa ayuda a eliminar el exceso de grasa corporal, pero eso no significa que la podamos quemar cuando entrenamos.    

¿Qué supondría descubrir que nuestro organismo no puede obtener energía de esa grasa sobrante que acumula por una mala dieta y una vida excesivamente sedentaria?  Supondría el gran cambio que nuestra salud actual necesita porque podríamos basar nuestra sensación de bienestar en aumentar nuestra energía, y no en reducirla como hacemos actualmente porque creemos, erróneamente, que un exceso de grasa corporal nos aporta un exceso de energía el cual debemos quemar y eliminar. 

3. Creer que adelgazamos cuando quemamos calorías

Creemos, erróneamente, que es en el momento de quemar los nutrientes cuando nuestro organismo pierde la grasa que le sobra, pero nuestro cuerpo no funciona así, no en la mayoría de ocasiones. 

Si quemo calorías y no como perderé peso, seguro, pero también perdemos energía, vitalidad y salud si no reponemos las reservas energéticas que necesitamos.  Comer menos calorías de las que quemamos supondrá adelgazar por desnutrición, no de forma saludable. 

El punto importante para entender cómo funciona realmente el cuerpo es nuestra capacidad de adaptación.  Según nuestro estilo de vida nuestro organismo puede cambiar para poder hacerse más eficiente a las actividades que suele realizar.  Esas adaptaciones son las que provocan los cambios físicos y fisiológicos en nuestro cuerpo que nos pueden ayudar a perder peso. 

Cuando hacemos ejercicio físico sudamos, nos cansamos, aumentamos la respiración, quemamos nutrientes… pero una vez que acabamos de entrenar nuestro organismo intenta reponerse de todos esos cambios.  Reponemos los líquidos, la glucosa que hemos gastado, el tejido muscular…  En ese momento, cuando intentamos recuperarnos de ese esfuerzo es cuando nuestro cuerpo decide qué hacer con sus reservas energéticas y con todo aquello que le sobra. 

Cuando descansamos o cuando dormimos, nuestro organismo intenta regenerarse.  Hace recuento de todas sus acciones, actividades y dieta, y entonces es cuando decide que cambios puede hacer para ser más eficiente en esas actividades, para obtener más energía, para tener más salud…  Es cuando decide si debe eliminar algo de grasa, si tiene que acumular más masa muscular, si no tiene que, o no puede, hacer ningún cambio…

¡No eliminamos la grasa en el momento que quemamos las calorías, sino más tarde, cuando nuestro cuerpo intenta adaptarse a ese esfuerzo que ha hecho!

Debemos dejar de poner tanta atención en lo que sucede durante el ejercicio, dejar de contar las calorías que quemamos, y fijarnos más en cómo se adaptará nuestro cuerpo a los diferentes tipos de actividades que realizamos en nuestra vida diaria.  Entonces, podremos entender que cuando intentamos reducir nuestra energía nos cuesta mucho más adaptarnos a cualquier actividad física y por lo tanto no se producirán grandes cambios físicos y, en cambio, cuando tenemos más vitalidad nuestro aspecto físico puede cambiar fácilmente. 

Estas ideas erróneas, o estas interpretaciones erróneas de los resultados de muchos estudios, están provocando que el enfoque de nuestro cuidado de la salud sea en negativo, una salud basada en el déficit, en reducir, restar, prohibir, eliminar, sufrir…  Nuestro siguiente paso debe ser una salud basada en nuestra energía, en aumentar nuestra vitalidad.  

¡Necesitamos unos hábitos de vida enfocados en el beneficio energético que nos aportan y no en el gasto calórico que nos provocan!

Toni Cortés | Autor de Bioeficiencia

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