Desde mi punto de vista tenemos un gran problema con la prevención y el cuidado de nuestra salud porque, aunque hayamos conseguido grandes avances en medicina y se puedan curar muchas más enfermedades que años atrás, no conseguimos ser capaces de evitar que nuestra sociedad padezca cada vez más problemas físicos, como la obesidad o las enfermedades cardiovasculares, o más problemas psicológicos, como la ansiedad, la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria.
Existen multitud de motivos por los que no logramos evitar todas esas enfermedades, como el estrés, el sedentarismo o a la mala alimentación de todas aquellas personas que deciden no cuidar su salud, pero lo que a mí me preocupa es por qué hay tantos seres humanos que intentan cuidarse y no lo consiguen.
Según la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, pero para muchas personas, más que una «sensación de bienestar», la salud es algo que hay que mantener con mucho esfuerzo y sacrificio, entendiendo que se debe escoger entre «disfrutar de la vida» y del bienestar psicosocial o priorizar lo que «creemos» que es bueno para nuestro bienestar físico, obligándonos a hacer entrenamientos y dietas poco saludables para conseguir tener un cuerpo aparentemente saludable.
La obsesión de la sociedad por adelgazar ha provocado que la mayor parte de nuestros métodos para cuidar la salud estén enfocados en las calorías y en el hecho de quemarlas y «malgastarlas», convirtiendo a nuestro organismo en una máquina de derrochar energía porque creemos, erróneamente, que el culpable de nuestro sobrepeso es el exceso de energía que nos aporta una alimentación demasiado abundante ligada a una rutina sedentaria en exceso. Esta visión tan estética, a la par que reducida, de la salud nos ha conducido –sin ser casi conscientes– a relacionar los hábitos de vida saludables con conceptos negativos como quemar, eliminar, prohibir y sufrir creando problemas físicos por déficit de energía, así como trastornos psicológicos porque esa vida, en teoría «sana», no nos hace sentir bien.
Hacia un modelo en positivo
Para poder acercarnos un poco más a ese estado de completo bienestar, necesitamos un modelo de prevención de la salud más amplio, basado en conceptos positivos como sumar, aumentar, incluir y disfrutar. El cambio de paradigma que necesitamos para que todas las personas que quieran cuidarse puedan hacerlo de manera realmente saludable, es enfocar los hábitos de vida en aumentar nuestra energía vital, escogiendo aquellas acciones de las que obtengamos un mayor beneficio energético, –sin importar el gasto calórico que nos puedan suponer–, y ayudando a nuestro cuerpo a gastar menos energía en todas aquellas acciones que solemos realizar. Mejorar la eficiencia energética es la clave de nuestra salud, aunque creas, erróneamente, que puede provocar un aumento de peso.
Si consiguiéramos entender que nuestro cuerpo no funciona con calorías que «debemos quemar» sino con energía que «debemos aumentar y conservar» nos percataríamos de que conceptos como acelerar el metabolismo, el déficit calórico o querer quemar la grasa que nos sobra, nos están alejando de esa sensación de completo bienestar que relacionamos con la salud.
